¿Se ha dado con la identidad de Jack el Destripador? Todos los avances sobre la investigación (y por qué sigue habiendo dudas)

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¿Uno de los misterios más famosos de la historia del crimen se ha resuelto por fin o solo estamos ante otro “casi lo tenemos”? Cada cierto tiempo, el caso de Jack el Destripador vuelve a la actualidad con nuevas teorías, documentos rescatados del archivo o avances forenses. Esta vez, el foco está en una afirmación muy concreta: un “100% de coincidencia” de ADN que apuntaría a un sospechoso clásico, el barbero polaco Aaron Kosminski.

Pero en criminología histórica, especialmente cuando hablamos de evidencias de 1888, hay una regla de oro: una prueba llamativa no es lo mismo que una prueba concluyente.

Vamos por partes.

Ilustración de 'Illustrated London News' publicada en octubre de 1888 de Jack el Destripador. BRITISH LIBRARY

Ilustración de 'Illustrated London News' publicada en octubre de 1888. BRITISH LIBRARY

Índice de contenidos

  1. El caso Jack el Destripador: qué pasó en Whitechapel (1888)

  2. ¿Quién fue Aaron Kosminski y por qué aparece siempre en la lista de sospechosos?

  3. El “chal” (shawl) y el ADN: qué afirma Russell Edwards

  4. La gran pregunta: ¿por qué la comunidad científica no lo da por cerrado?

  5. ¿Qué tendría que pasar para que “oficialmente” se resolviera el caso?

  6. Si te obsesiona el misterio: vive Whitechapel en primera persona en La Orden Escape Room

1. El caso Jack el Destripador: qué pasó en Whitechapel (1888)

En el otoño de 1888, Londres vivió una auténtica crisis de pánico social en el barrio de Whitechapel (East End). La prensa alimentó el mito, la policía se vio desbordada y el apodo “Jack the Ripper” se convirtió en un fenómeno mediático. Detrás de la leyenda, sin embargo, hay algo más incómodo: víctimas reales y una investigación plagada de limitaciones propias de la época.

La lista más citada es la de las “cinco canónicas”: Mary Ann “Polly” Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly. Sus historias personales, su vulnerabilidad social y cómo fueron tratadas en el discurso público son parte del contexto del caso (y también de por qué el mito creció tanto).

2. ¿Quién fue Aaron Kosminski y por qué aparece siempre en la lista?

Aaron Kosminski fue un barbero polaco que vivió en Whitechapel y que aparece en documentos policiales históricos como uno de los nombres barajados (o, al menos, como un “Kosminski” sospechoso en la época). A lo largo del siglo XX, su nombre se consolidó como candidato habitual por su proximidad geográfica, ciertos indicios mencionados por investigadores posteriores y su historial de salud mental e institucionalización.

Lo importante aquí, en clave investigativa, es entender que ser “sospechoso clásico” no equivale a culpabilidad probada: muchos nombres han sido defendidos con entusiasmo y luego se han desinflado con el tiempo.

3. El “chal” y el ADN: qué afirma Russell Edwards (y por qué ha reabierto el debate)

La “última gran actualización” se apoya en una pieza muy concreta: un supuesto chal (shawl) asociado al asesinato de Catherine Eddowes (30 de septiembre de 1888). El investigador Russell Edwards sostiene que ese tejido contiene rastros biológicos (sangre y semen) y que el análisis genético lo conectaría con Eddowes y con la línea familiar de Kosminski.

Según la información difundida en medios, el investigador Jari Louhelainen habría aislado fragmentos de ADN del chal; esos marcadores se habrían comparado con muestras de descendientes vivos. La noticia se ha contado en términos muy llamativos, incluyendo una cifra que impacta: “100% match” (mencionado en cobertura periodística).

Además, hay un movimiento legal asociado: equipos legales y familiares vinculados al caso han defendido la idea de pedir un nuevo “inquest” (una reapertura formal del examen legal de la muerte) para que, si procede, se nombre oficialmente al culpable en un marco judicial.

Hasta aquí, suena a “caso cerrado”. Pero no es tan simple.

Aaron Kosminski es el principal sospechoso de los crímenes cometidos bajo el pseudónimo Jack el Destripador

Retrato de Aaron Kosminski (Photopress Belfast)

4. La gran pregunta: ¿por qué no se considera una resolución definitiva?

Aquí es donde entra el tono dubitativo (y, sinceramente, el más realista). Hay tres frenos principales que aparecen una y otra vez cuando se analiza esta “prueba definitiva”:

A) La procedencia del chal: cadena de custodia y verificación

Para que una evidencia sea sólida, importa tanto qué dice la ciencia como qué tan fiable es el objeto analizado.

En el caso del chal, buena parte del debate gira en torno a la cadena de custodia: si realmente estuvo en la escena, si fue recogido oficialmente, cómo se conservó, quién lo tocó, dónde estuvo guardado, etc. Medios que han cubierto el tema describen la historia del chal como “según se cuenta” (es decir, una procedencia afirmada, pero discutida).

En investigaciones históricas, este punto es crítico porque, sin trazabilidad robusta, siempre queda abierta la duda de contaminación o de que el objeto no sea el que se cree que es.

B) El tipo de ADN y lo que realmente puede demostrar

Gran parte de estas discusiones suelen involucrar ADN mitocondrial (mtDNA) o marcadores que, por su naturaleza, no identifican de forma única a una sola persona como lo haría un perfil nuclear completo y contemporáneo. Esto no significa que “no valga”, sino que suele funcionar mejor para apuntar a una línea familiar, no para señalar sin margen de duda a un individuo concreto.

C) Debate científico, críticas y “Expression of Concern”

Hay un hecho relevante que conviene conocer: el artículo técnico vinculado a este enfoque (publicado en el Journal of Forensic Sciences) ha estado rodeado de críticas, y el propio entorno editorial llegó a publicar una “Expression of Concern” por dudas sobre las conclusiones derivadas del análisis de mtDNA.

Traducido a lenguaje llano: no es que se haya “desmentido” automáticamente, pero sí significa que no hay consenso y que parte de la comunidad considera que, con lo publicado y lo verificable, no alcanza el estándar para cerrar un caso así.

Y a esto se suma otro detalle importante en prensa: se ha señalado que ciertos elementos del trabajo no estarían plenamente validados o revisados de forma que permita una verificación independiente completa (algo esencial cuando se quiere pasar de “teoría potente” a “veredicto histórico”).

5. ¿Qué tendría que pasar para que “oficialmente” se resolviera el caso?

Aunque suene paradójico, en un caso de 1888 la pregunta no es solo “¿quién fue?”, sino también “¿qué consideraríamos prueba suficiente hoy?”. Para que el mundo pasara del “probable” al “oficial”, tendrían que alinearse varias cosas:

  • Un inquest aceptado por la vía legal pertinente (en Reino Unido, esto requiere autorizaciones y criterios de admisión de “nueva evidencia”).

  • Mayor transparencia y replicabilidad: que terceros puedan revisar metodología, datos y resultados con el mismo acceso.

  • Una trazabilidad del objeto (el chal) mucho más robusta, o bien una evidencia alternativa con cadena de custodia impecable.

  • Y, aun así, seguiría existiendo un límite: la criminología histórica trabaja con incertidumbre. A veces, lo máximo que se consigue es un “más probable que cualquier otro”, no un “100%” real en sentido judicial moderno.

Por eso, cuando leas “identidad revelada”, lo más sensato es cambiarlo mentalmente por: “se ha reforzado una hipótesis muy conocida… pero no ha quedado blindada”.

6. Si te obsesiona el misterio: vive Whitechapel en primera persona en La Orden Escape Room

Si hay algo que mantiene vivo este caso no es solo la morbosidad: es el rompecabezas. La sensación de que faltan piezas. La tensión de caminar a oscuras sin saber quién mira desde el callejón.

Y justo ahí entra una recomendación que encaja de forma natural si te atrae este tipo de narrativa: la Experiencia Jack el Destripador de La Orden Escape Room en Madrid.

Un Escape Room para los amantes del terror que recrea la niebla londinense del siglo XIX con una narrativa oscura, ambientación envolvente y enigmas escalofriantes. Ideal para quienes buscan emociones fuertes.

El planteamiento está claro: en 1888, Whitechapel, una cadena de asesinatos sacude Londres y tu equipo tiene una misión: descifrar incógnitas, reconstruir pistas y sobrevivir a una noche con Jack.

Escape Room inspirado en el caso sin resolver más famoso de la historia del crimen: Jack el Destripador

Características de la Experiencia Jack el Destripador:

👥 Hasta 7 jugadores

⏳ 75 minutos

🔪 Temática de terror

💸 Desde 30€ por persona

Recomendaciones:

  • Llevar ropa cómoda, no por carga física elevada, sino por el componente de sustos y movimientos bruscos.

  • No apta para personas altamente sensibles, con fobia a la oscuridad, claustrofobia, embarazadas o con problemas del corazón.

Si tu grupo es de los que disfruta analizando pruebas, conectando detalles y tomando decisiones bajo presión, esta experiencia es un “sí”.

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